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La soledad su compañera

  La soledad ha sido su compañía; él no está solo. Ella lo acompaña todo el día, todos los días. Se acuesta con ella, duerme con ella, se levanta con ella. Conversan juntos, sentados, mientras toman el café de la mañana. Él le habla de sus sueños, de aquellos que no se cumplieron; de sus ilusiones, de sus fantasías y desilusiones. Él no está loco. Habla solo, sí, pero no está loco: dialoga con su compañera. La soledad, ella, la única testigo de sus llantos nocturnos; la única que lo conoce, la que sabe cuánto ha sufrido al amar y ser rechazado. La soledad no es su enemiga; ha aprendido a convivir con ella. La ama, la valora, la disfruta y también la sufre. Él no está loco, solo pasa el tiempo con su compañera inseparable: la soledad. Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

Solo amigos

 


Me pides ser solo amigos;
no sé si aceptarlo.
Privarme de tus besos,
de tomarte de las manos
y caminar juntos por las calles;
perder la emoción de escuchar
salir de tus labios un “te amo”.

No sé si sería capaz de soportar
verte sumergida en los brazos de otro,
comprarte flores
y no verlas adornando tu habitación.

Me pides ser solo amigos
y perderme esos días especiales
que podría compartir contigo, y
dejar a un lado
los momentos de pasión.

Los amigos se quieren,
se buscan, se extrañan,
pero no expresan sus sentimientos
con intensidad,
con deseo de amor
ni con locura y pasión.

No me pidas ser tu amigo;
por favor, pídeme ser más que eso.
Pídeme ser quien te acompañe
en todas las horas de la vida,
quien te ame sin condición,
quien cuide de ti
y disfrute de tu presencia
sin cansarse de ella.

¡No me pidas ser solo amigos!


        Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 



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