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La soledad su compañera

  La soledad ha sido su compañía; él no está solo. Ella lo acompaña todo el día, todos los días. Se acuesta con ella, duerme con ella, se levanta con ella. Conversan juntos, sentados, mientras toman el café de la mañana. Él le habla de sus sueños, de aquellos que no se cumplieron; de sus ilusiones, de sus fantasías y desilusiones. Él no está loco. Habla solo, sí, pero no está loco: dialoga con su compañera. La soledad, ella, la única testigo de sus llantos nocturnos; la única que lo conoce, la que sabe cuánto ha sufrido al amar y ser rechazado. La soledad no es su enemiga; ha aprendido a convivir con ella. La ama, la valora, la disfruta y también la sufre. Él no está loco, solo pasa el tiempo con su compañera inseparable: la soledad. Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

Una noche inesperada

 




Una noche inesperada me dijiste: olvídame.
Eso fue lo más ilógico que salió de tu boca.

Olvidarte ha sido dejar de soñar,
ha sido convertir mi realidad en un cuento sin fin.

Una noche inesperada me dijiste: olvídame.
Eso ha sido quitarme la existencia;
me has robado el deseo de soñar.

Olvidarte ha sido mi angustia,
el dolor más fuerte y cruel
que me ha tocado experimentar.

Desde esa noche inesperada no he podido superarte;
mis ojos no han vuelto a experimentar el no llorar.

Mis caminatas por la orilla del mar
han perdido la maravilla;
el sol se ha ocultado de mis mañanas
y mis noches se han vuelto más oscuras.

Una noche inesperada me dijiste: olvídame.
En esa noche conocí la muerte.

Hoy de ella no me quiero desprender:
si no estás tú aquí conmigo,
me has matado, me has acabado,
y no encuentro a quién más amar que no seas tú,
la mujer de aquella noche inesperada.

Autor: Álvaro Padilla Baque 

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