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La soledad su compañera

  La soledad ha sido su compañía; él no está solo. Ella lo acompaña todo el día, todos los días. Se acuesta con ella, duerme con ella, se levanta con ella. Conversan juntos, sentados, mientras toman el café de la mañana. Él le habla de sus sueños, de aquellos que no se cumplieron; de sus ilusiones, de sus fantasías y desilusiones. Él no está loco. Habla solo, sí, pero no está loco: dialoga con su compañera. La soledad, ella, la única testigo de sus llantos nocturnos; la única que lo conoce, la que sabe cuánto ha sufrido al amar y ser rechazado. La soledad no es su enemiga; ha aprendido a convivir con ella. La ama, la valora, la disfruta y también la sufre. Él no está loco, solo pasa el tiempo con su compañera inseparable: la soledad. Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

TE ARRANQUÉ DE MI JARDÍN





 Ahora solo me quedan en las manos

las duras y puntiagudas espinas
que me obligan a lamentar tu partida.
Lloro por aquellos momentos bellos
que ya no volverán.

Extraño tu fragancia,
la dulzura del néctar que ofrecías,
el roce de tus manos,
el recorrido por tus delicados pétalos.
Tonto fui, egoísta: te quería solo para mí,
pero me negaba a cuidarte en mi jardín.

Hoy lamento tu ausencia,
el ya no tenerte junto a mí.
Te perdí,
te arranqué con mis propias manos del jardín
que debió protegerte.

Tonto fui.
Te dejé marchitar,
permití que el viento te arrebatara de mis manos.
Ahora floreces en un nuevo jardín:
eres feliz
y sonríes a quien hoy te riega cada mañana.


Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

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