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La soledad su compañera

  La soledad ha sido su compañía; él no está solo. Ella lo acompaña todo el día, todos los días. Se acuesta con ella, duerme con ella, se levanta con ella. Conversan juntos, sentados, mientras toman el café de la mañana. Él le habla de sus sueños, de aquellos que no se cumplieron; de sus ilusiones, de sus fantasías y desilusiones. Él no está loco. Habla solo, sí, pero no está loco: dialoga con su compañera. La soledad, ella, la única testigo de sus llantos nocturnos; la única que lo conoce, la que sabe cuánto ha sufrido al amar y ser rechazado. La soledad no es su enemiga; ha aprendido a convivir con ella. La ama, la valora, la disfruta y también la sufre. Él no está loco, solo pasa el tiempo con su compañera inseparable: la soledad. Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

ROSA MÍA

 



Rosa mía,
sin verte, sin tenerte,
extraño tus caricias;
tu olor a flor de campo,
tu arrullo, suave
como agua fresca de manantial.

Sin conocer tu nombre,
hablo de ti a todos
los que me preguntan si he amado.
Sin probar el sabor de tus labios,
disfruto, aun así,
el néctar de tus besos.

Rosa mía,
le pregunto al tiempo:
¿dónde estás?,
¿qué esquinas transitas?,
¿qué cafetería visitas con frecuencia?,
¿cuál es tu libro preferido?

Despierto con la esperanza
de encontrarte en el camino,
de cruzarnos y decirnos
nuestras primeras palabras,
sinceras,
con el más puro sentimiento.

Nací para ti,
y tú para mí.
Solo espero el tiempo,
la orden directa del cielo
que determine
el día de nuestro encuentro.


Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

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