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La soledad su compañera

  La soledad ha sido su compañía; él no está solo. Ella lo acompaña todo el día, todos los días. Se acuesta con ella, duerme con ella, se levanta con ella. Conversan juntos, sentados, mientras toman el café de la mañana. Él le habla de sus sueños, de aquellos que no se cumplieron; de sus ilusiones, de sus fantasías y desilusiones. Él no está loco. Habla solo, sí, pero no está loco: dialoga con su compañera. La soledad, ella, la única testigo de sus llantos nocturnos; la única que lo conoce, la que sabe cuánto ha sufrido al amar y ser rechazado. La soledad no es su enemiga; ha aprendido a convivir con ella. La ama, la valora, la disfruta y también la sufre. Él no está loco, solo pasa el tiempo con su compañera inseparable: la soledad. Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

Las luces se apagan...

 



Solos en la habitación,

las luces se apagan
y la oscuridad nos abraza.
El silencio se vuelve cómplice
mientras tu aliento roza mi oído.

Mis manos encuentran refugio en tu piel,
y en ese instante el tiempo se detiene.
Todo en ti es cercanía,
todo en mí es entrega.

Tu voz se convierte en música,
una melodía que recorre mis sentidos
y aquieta mis temores.
Eres, por un momento,
ese deseo que no sabe huir.

Nuestros latidos se confunden:
tú eres fuego, yo soy fuego.
La habitación arde en la intensidad
de dos presencias que se reconocen
sin pronunciar palabras.

Y en medio de ese instante suspendido,
cuando todo parece consumirse,
te escucho decir que me amas,
y el mundo vuelve a empezar.


Autor: Álvaro Iván Padilla Baque 

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